Los alifantes
De RealZaragozaPedia
En mayo de 1935, el Real Zaragoza jugaba ante el Júpiter en el Poble Nou de Barcelona. El ataque del equipo local era detenido una y otra vez por el portero Lerín y los defensas Gómez y Alonso. Tres torres. Tres gigantes. Alguien dijo: “Semblant alifants”. La frase llegó a oídos del periodista Miguel Gay y bautizó a aquel conjunto como “Los Alifantes”.
El suceso se comentó mucho en los círculos cercanos al equipo y se quedó como apodo de este modesto equipo, que, si bien no estaba muy dotado técnicamente, siempre hacía gala de un excelente orgullo y una maravillosa honradez profesional, siendo prácticamente invencibles en su campo de Torrero.
La leyenda del Real Zaragoza empieza en ellos. Ascendieron a Primera División, y celebraron la gesta en el Campo de Torrero un 19 de abril de 1936. La banda municipal interpretó el primer himno del club, con música de Sapeti y letra de Abad Tárdez. La primera alineación que se aprendieron los niños y los aficionados fue: El Brozas; La Telefónica, Vacucas; Mocazos, Fraylon, Chulipandis; El señorito, Chupitos, Chipirón, Zamarras y El Zagal. Perdón, me he confundido. Era ésta: Andrés Lerín, Gómez, Alonso, Pelayo, Ortúzar, Municha, Juanito Ruiz, Amestoy, Olivares, Tomás y Primo. Hasta los suplentes eran famosos: Inchausti, Uriarte y Bilbao.
Aquel conjunto poseía personalidad, fortaleza, garra, talento y pasión por el fútbol. Y una afición entusiasta que les contagiaba la sed de victorias. Detrás de un gran equipo siempre hay una extraordinaria afición. Estalló la Guerra Civil y el campo de Torrero se llenó de granadas, y allí se acabó el sueño de los títulos. Aquel elenco jugaba tan bien que acabó prescindiendo del entrenador. Los jugadores eran una piña. Olivares hacía de preparador físico, y Tomás, de jugador-entrenador. Se concentraban en el monasterio de Piedra de cuando en cuando, y tenían un maestro de coro, el médico Diodoro Anduiza, y un vocalista privado, el masajista y utillero Benjamín Simón, que les entonaba romanzas de zarzuela en sus viajes en el coche de Paco Po a lo largo y ancho de España. Quizá fuera ése su secreto.
El equipo, que tan sólo pudo jugar junto una temporada debido al estallido de la Guerra Civil en 1936 y que consiguió el primer ascenso a la máxima categoría.